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Viernes 28 de Noviembre

Lucas 21, 29-33
Sepan que el Reino de Dios está cerca

Y Jesús les hizo esta comparación: "Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca. Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

El texto: tejido
¿En qué aspectos insiste Jesús?
¿Cuál es la seguridad que ofrece?
¿Qué actitud básica exige el "ver" planteado por Jesús?

La trama vital...
Jesús indica mirar la naturaleza para aprender cómo leer e interpretar las cosas que están aconteciendo en el mundo. Es la invitación para experimentar en todo lo que acontece una llamada a no encerrarse en el momento presente, sino mantener el
horizonte abierto y percibir en todo una flecha que apunta hacia el futuro. Pero la hora exacta de la llegada del Reino nadie la sabe. Hoy mucha gente vive preocupada con el fin del mundo. Algunos se basan en una lectura errada y fundamentalista del Apocalipsis, y llegan a querer calcular la fecha exacta del fin del mundo. En el pasado, a partir de los "mil años" mencionados en el Apocalipsis (Ap 20,7), la gente solía repetir: "¡El año 1000 pasó, pero el 2000 no pasará!" Por esto, en la medida en que se iba acercando el año 2000, muchos quedaban preocupados.

Pero el año 2000 pasó y nada aconteció. ¡El fin del mundo no llegó! La misma problemática estaba viva en las comunidades cristianas de los primeros siglos. Ellas vivían en la expectativa de la venida inminente de Jesús. Jesús vendría a realizar el Juicio Final para terminar con la historia injusta del mundo e inaugurar una nueva fase de la historia, la fase definitiva del Nuevo Cielo y de la Nueva Tierra. Pero hasta ahora, la venida de Jesús ¡todavía no ha ocurrido! ¿Cómo entender esta demora?

¿Y cómo será su venida? Muchas veces la afirmación "Jesús volverá" es usada para dar miedo a las personas y obligarlas a ir a una determinada iglesia. En el Nuevo Testamento, el retorno de Jesús es siempre motivo de alegría y de paz.

Para los explotados y oprimidos, la venida de Jesús es una Buena Noticia. Pero entre los judíos, las opiniones eran muy variadas. Los saduceos y los herodianos decían: "¡Los tiempos mesiánicos llegaron ya!" Pensaban que su bienestar durante el
gobierno de Herodes fuera expresión del Reino de Dios. Por esto, no querían cambio y estaban en contra de la predicación de Jesús que convocaba a la gente para cambiar y convertirse.

Los fariseos decían: "¡La llegada del Reino va a depender de nuestro esfuerzo en la observancia de la ley!" Los esenios decían: "El Reino prometido llegará sólo cuando hayamos purificado el país de todas las impurezas". Entre los cristianos había la misma variedad de opiniones. Algunos de la comunidad de Tesalónica, apoyándose
en la predicación de Pablo, decían: "¡Jesús volverá!" (1 Tes 4,13-18; 2 Tes 2,2). Pablo responde que no era tan simple como se lo imaginaban.

Los cristianos opinaban que Jesús volvería después que el evangelio fuera anunciado al mundo entero (Hechos 1,6-11). Y pensaban que cuanto mayor fuera el esfuerzo de evangelizar, más rápidamente vendría el fin del mundo. Otros, cansados de esperar,
decían: "¡No volverá!" (2 Pe. 3,4). Otros basándose en las palabras de Jesús, decían con acierto: "¡Ya está en medio de nosotros!" (Mt 25,40).

Hoy pasa lo mismo. Hay gente que dice: "Como van las cosas, está todo bien tanto en la Iglesia como en la sociedad". No quieren cambios. Otros esperan el retorno inmediato de Jesús. Otros piensan que Jesús volverá por medio de nuestro trabajo y anuncio. Para nosotros, Jesús está en medio de nosotros (Mt 28,20). Él ya está junto a nosotros en la tarea por la justicia, por la paz, por la vida. Pero la plenitud no ha llegado todavía.

... y su hilo donboscano
Don Bosco insistió siempre con sus muchachos en el "estar preparados", para que, cuando llegase el momento del encuentro definitivo y personal con Jesús -del que no sabemos ni el día ni la hora-, estemos dispuestos para este encuentro de Amor,
mediatizado por nuestra muerte. Pero el camino que proponía no era el de hacer cosas extraordinarias, penitencias extrañas, actitudes deslumbrantes... sino que en lo de todos los días hacer lugar a las señales del Reino que ya está siendo realidad entre nosotros, con una preocupación y acción preferencial hacia y con los jóvenes más pobres.

Enlanzándonos al hilo primordial
Gracias, Señor, porque nos das la capacidad de reconocerte actuando entre nosotros, como compañero de camino. Que con nuestra vida y nuestras palabras podamos anunciarte en nuestros ambientes de todos los días.