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Martes 02 de Septiembre

Lucas 4, 31-37
Eres el Santo de Dios

Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza; “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Pero Jesús lo increpó, diciendo: “Cállate y sal de este hombre”. El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: “¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!”. Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.

El texto: tejido
¿Cuál es la costumbre de Jesús al bajar a la ciudad?
¿De qué se asombran todos?
¿Qué características tiene la relación del espíritu impuro con Jesús?
¿Y de Jesús con él?
¿Qué es lo que da autoridad a la enseñanza y al mandato de Jesús?

La trama vital...
“Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados”. Como buen judío, todos los sábados por la mañana, Jesús frecuentaba la Sinagoga (“Casa de reunión”), espacio de oración y formación religiosa del pueblo en torno a la Sagrada Escritura. Luego de la lectura, el presidente ofrecía a algún varón mayor de edad, que estuviera capacitado para eso, la posibilidad de hacer un comentario o exhortación. Habiendo llegado Jesús, ya reconocido maestro popular, sobre él cayó la preferencia.

“Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad”. La gente queda maravillada. Esta enseñanza no es a la que están acostumbrados a escuchar. Hay algo que sorprende. Es que este maestro “habla con autoridad”. ¿De qué se trata esa “autoridad”? Si tengo que hablar de las cosas de Jesús, ¿mi palabra se basa en la misma autoridad de la de Jesús, o sólo hablo porque tengo el título?

“En la Sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza”. Parece que ese sábado venía cargado de sorpresas para los concurrentes a la Sinagoga. Un endemoniado, en medio de la asamblea, reacciona ante Jesús a los gritos (más bien “alaridos” según el texto griego). La primera actitud es la de atrincherarse: ¿qué querés de nosotros, viniste a terminar con nosotros? (¿eran varios?), pero terminan confesando su fe en Jesús: “eres el Santo de Dios”. Los demonios conocen más que los sorprendidos asistentes a la reunión, porque tienen la clave para interpretar la “autoridad” de Jesús…

“Jesús lo increpó, diciendo: ‘Cállate y sal de este hombre’”. El demonio no tenía autoridad, ¿quizás por eso quería imponerla a los gritos? Jesús lo hace callar: esa palabra, por más que fuera en alta voz, no vale nada… lleva a la impureza… esclaviza… Y Jesús lo expulsa: libera al hombre del mal que lo habitaba. El demonio obedeció, “salió”, sin hacerle ningún daño. ¿Mis palabras, liberan, traen paz, o son motivo de conflictividad?

La gente vuelve a reaccionar: ahora ya no es asombro lo que sienten sino temor. Se agarraron un miedo fenomenal… Y otra vez vuelven a exclamar: este maestro tiene una palabra cargada de “autoridad y poder”.

La autoridad de Jesús se impone por sí sola. No la recibe de cargos o funciones de prestigio, no es fruto de una carrera por los niveles jerárquicos o por los estudios realizados, no es producto de ambición o ganas de sobresalir, no se la da el dinero ni el manejo de la popularidad… En él es como algo natural, le sale sola… y a su vez no la instrumentaliza o manipula, la pone al servicio… Esta autoridad es quizás fruto de su coherencia: él es lo que dice, vive lo que manda. No hay doblez. Amor y verdad se unen. No hay rastros de hipocresía…

... y su hilo donboscano
Desde niño y adolescente Don Bosco fue creciendo en unidad interior, en armonía de personalidad, en coherencia y confianza; tanto que el rasgo más prominente que admiramos en él es la espléndida armonía entre naturaleza y gracia. Esto le confería autoridad, ascendiente ante los jóvenes y ante todos los que lo encontraban.

Don Bosco nos propone vivir una autoridad de tipo familiar. Su amor demostrado hacía que cayeran todas las barreras de la desconfianza y llegaba a tener el corazón de los jóvenes en sus manos, con una autoridad que produce escalofríos, por el grado de responsabilidad y riesgos que implica: “Con la ayuda de Dios he conseguido no sólo el que los alumnos cumplieran con su deber, sino que hicieran sencillamente lo que yo deseaba”… Autoridad que tiene un potencial enorme de educación y liberación.

Enlazándonos al Hilo Primordial
Gracias Jesús por revelarme este estilo de autoridad; yo también la experimenté cuando te descubrí Dios amor, verdad-misericordia. Gracias por los hermanos y hermanas que pusiste en el camino de mi historia como signos de esta autoridad fruto de una coherencia liberadora.

Te pido por todos los que están revestidos de autoridad para que posean este poder evangélico, genuino como el tuyo, el que nace de adentro de uno mismo casi sin pensarse; y para que su autoridad esté siempre al servicio del amor, la libertad, la educación.