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Lunes 08 de Febrero

Marcos 6, 53-56
Los que lo tocaban se ponían sanos

Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.

El texto: tejido
La ley dictaminaba que quién tocase un enfermo quedaba impuro.
¿Qué ocurre en el relato?
¿Cuál es el sentido de los flecos en el manto de Jesús? (recordar el sentido cultual)
¿Por qué al tocarlos las personas se curan?

La trama vital...
“Llegaron… Desembarcaron...”: Las imágenes de viaje me dan la clave de mi vida y de este día: soy un discípulo misionero. Si me instalo, pierdo al Maestro. Porque Él sí que viaja de acá para allá todo el tiempo.

“En todas partes… ponían a los enfermos”: No estoy para los sanos; no quiero instalarme entre “los que andan bien” e ir perdiendo el impulso de preferir a los más necesitados. ¿Qué tipo de vida y trabajo busco? ¿Rodeado por qué tipo de gente? ¿Los “sin problemas”?

“Le rogaban que los dejara tocar” Una vez más: Sin tacto, sin contacto, no hay salvación. Dinámicas de encarnación llevan no a mirar desde lejos, sino a tocar, a palpar la realidad, a sopesarla, a cargarla, a dejarse alcanzar, a hacerse accesible. Reviso mis inaccesibilidades y distancias; discierno si son para un correcto preservarme o si encubren una frialdad desencarnada… o un pretender que las cosas y las situaciones cambien por decreto, sólo hablando o discurseando acerca de ellas. Sólo hablar, no salva. Hay que ir y contactar.

“Los que lo tocaban quedaban curados”: Recuerdo experiencias en que tocar “ha curado”: encuentros con gente muy santa, con comunidades muy testimoniales. Miro mi casa y nuestras propuestas. Tocarnos, contactarnos, ¿cura? ¿A quiénes? Agradezco, y reviso.

... y su hilo donboscano
Popularidad masiva de Don Bosco en algunos de sus viajes (Francia, Barcelona).
Pedidos de mucha gente para que se ocupara de sus hijos.
Los pibes se curaban el corazón viviendo en contacto con Don Bosco.

Enlazándonos al Hilo Primordial
Miro mi gente, mi ciudad, mi patio... te miro a vos en ellos y a ellos en vos, sé que estás presente, que lo tuyo es estar entre ellos y para ellos, dándoles vida. Me siento parte de tu mediación para ellos.

Pienso en mi necesitada próxima celebración de la Reconciliación, en que expresaré mi confianza en que vos curás mis enfermedades; quiero vivirla médicamente, con el abandono de quien desnuda sus dolencias ante el Médico más bueno y sabio. Quizá también me digas, Señor, consejos a cumplir para estar más sano.

¡Entrar en contacto! Mis manos, mi piel, mi cuerpo, mis pies que toman caminos… Rezo pensando en la Encarnación, en tu “contactarnos” corporalmente y compadeciéndote de nuestra corporeidad sufriente… Te ruego me hagas menos discursivo, menos palabrero, menos teorizante; más concreto, más silenciosamente cercano. Enseñame a “poner el cuerpo”.

Estas reflexiones me relanzan a la Eucaristía como realidad de Cuerpo entregado…