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Martes 21 de Mayo

Lo que dice
Jn. 14, 27-31 – Les doy mi paz
"Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado. Levántense, salgamos de aquí".

Lo que me dice
Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo
Jesús se va dejando la paz. Si bien este era el saludo normal judío, él le asigna ahora un sentido diferente. No es un simple saludo de despedida. Esta paz no es la del mundo, sino la que viene del Padre. Él la conoce bien. Quedar en la paz es gozar de la certeza del amor de Dios, permanecer en él, seguros, firmes, invulnerables.

Por eso "No se inquieten ni teman"
Toda despedida esconde un fondo de angustia, inquietud y temor. Y más si se intuye que puede ser definitiva... Es el miedo a quedar solos, a no volver a ver a la persona amada, a tener que vivir sin esa seguridad que en cierta medida le da sentido a la vida. Jesús percibe este sufrimiento en los suyos y los reasegura. Aún cuando él no esté no deben temer. Por otro lado les confirma que no es una despedida definitiva: "Me han oído decir: Me voy y volveré a ustedes".

Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre
Esta despedida tiene que ser, por el contrario, causa de alegría. Ir al Padre, aunque sea a través de la muerte, no es angustioso, porque será la hora del amor máximo del Padre. Jesús, en estos momentos de su hora, percibe al Padre como más grande: porque de él viene, Él lo consagró y lo envió, y todo lo que tiene procede del Padre. El amor a su Padre es genial, le causa admiración, le cambia el ánimo, lo hace verlo más grande...

Está por llegar el Príncipe de este mundo
Está por llegar también la hora del mal, de las tinieblas. El Príncipe de este mundo, aquí, como en 12,31, se identifica como la personalización del poder opresor, figura de los que van a detenerlo. Pero la "paz" en la que él vive y que nos deja al marcharse a su Padre, le da la firmeza como para declarar que "él nada puede hacer contra mí". Jesús es superior a todo poder maligno. Cree en su victoria sobre el mal.
Su fuerza y seguridad están justamente en que él tiene la plena conciencia de que "amo a mi Padre y obro como él me ha ordenado". Su unidad con la voluntad del Padre es su fortaleza.

La paz y la serenidad eran características habituales del rostro de Don Bosco, enriquecido aún más con una sonrisa cautivadora. Más problemas se dice que tenía, más estaba en paz y sonreía. ¿De dónde sacaría esta firmeza y tranquilidad?
En su "despedida" de los salesianos cuando partió la primera expedición misionera, se leen sentimientos de gran ternura y consuelo para con sus "hijos", y la afirmación del querer permanecer con ellos a través de las Constituciones. Imagen que quiso dejar reflejada en esa fotografía tan entrañable y emblemática para todos nosotros.

Lo que le digo
Dale Señor a mi comunidad esa paz que ahuyenta todo temor y toda inquietud, para que podamos vivir, aún en las situaciones que no logramos verte, con la certeza de tu presencia en medio nuestro.

Que no temamos a ningún poder opresor, injusto, violento, discriminador... porque sabemos que si permanecemos en vos, ningún mal podrá dañarnos. Y hacenos instrumento de liberación, para que en casa y en el mundo construyamos una verdadera familia como la que vos tenés con tu Padre y el Espíritu.

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