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Miércoles 06 de Mayo

Domingo Savio

Juan 15, 1-8
Separados de mí, nada pueden hacer.

Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié.

Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.

El texto: tejido
¿Con qué se compara Jesús? ¿Y nosotros?
¿Cuál es el pedido de Jesús?
¿Cuál es la consecuencia de su pedido?

La trama vital...
Es arrojado afuera”: generalmente se arroja o tira afuera aquello que ya no sirve en términos de utilidad. Esto en labios de Jesús es muy duro, pero al mismo tiempo muy real. Él nos dice que estar unido a Él lleva a dar fruto en abundancia y que lo contrario lleva a la expulsión. Son imágenes que tratan de mostrar una radiografía espiritual: la lejanía de Dios va produciendo en nosotros primero la sequedad de la interioridad –se pierde la costumbre de estar cerca de él-, para luego perder la sensibilidad, generando entonces rigideces en nuestras relaciones y con nosotros mismo. Nos volvemos menos tolerantes y más ensimismados

arrojadas al fuego para ser quemadas”: es la etapa final. Una persona así se va perdiendo a sí misma. Ya desconoce sus ritmos interiores y los ajenos. Podemos parecer espectros sin sentido.

Este tipo de raquitismo espiritual nos puede pasar si descuidamos nuestra capacidad de profundizar en la vida en su totalidad y con amplitud, y nos centramos sólo en nosotros. La Pascua de Jesús nos invita a remover nuestra interioridad y reencontrarnos con él. Sólo él hace nuevas las cosas.

... y su hilo donboscano
Don Bosco fue una revolución y escándalo para algunos en su época. Él aconsejaba a sus muchachos del oratorio a comulgar y confesarse con frecuencia, pues creía en la capcidad de cambio y mejoría de los jóvenes. Don Bosco entendía que sólo unido a Jesús era posible vivir en plenitud la vida.

En Domingo Savio descubrimos los frutos de quien se mantiene unido a Dios. Ya lo descubrimos en los compromisos que Domingo Savio realizó el día de su comunión, y que luego, al ingresar al Oratorio en Valdocco, pudo desplegar con toda la fuerza de un ambiente que anima a la santidad a todos los que viven allí.

Enlazándonos al Hilo Primordial
Te invito a que puedas tomarte unos minutos para preguntarte dónde estás. ¿En la viña? ¿Fuera de la viña? ¿Entrando y saliendo? Anotá tus pareceres interiores y regálate un momento a solas con Jesús para compartir tu intimidad con él.