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Lunes 27 de Junio

Mateo 8, 18-22
Te seguiré adonde vayas

Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla. Entonces se aproximó un escriba y le dijo: "Maestro, te seguiré adonde vayas". Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". Otro de sus discípulos le dijo: "Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre". Pero Jesús le respondió: "Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos".

El texto: tejido
¿Qué busca la gente que rodea a Jesús?
¿Qué empuja al escriba a aproximarse a Jesús y hablarle?
¿Qué empuja al discípulo hacia Jesús y qué lo condiciona?

La trama vital…
Creo que el escriba, el discípulo y la gente que rodea a Jesús son buscadores, gente con el corazón lleno de preguntas, gente que camina, hace fila, escucha cosas que a pesar que no termina de entender. Gente que a pesar no encontrar respuestas o de que, aun encontrándolas, no las entienda, no puede dejar de buscar.
No puedo dejar de verme y ver a tantos y tantas entre esa muchedumbre que busca. No puedo dejar de ver los caminos que se abren por el sólo hecho de buscar.
No puedo dejar de conmoverme viendo a Jesús que sigue caminando entre la muchedumbre aunque su mensaje no se entienda del todo, aunque el egoísmo sea muchas veces la respuesta a lo que Él propone.

"Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". "Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos"
Jesús hace una propuesta que necesariamente exige transformar modos de percibir y caminar la realidad. Buscar respuestas en su mensaje no nos ayudará a dormir, sino que nos quitará el sueño, no nos dejará enterrar muertos ni barrer cenizas sino que nos empujará a encender fuegos, no nos dará un lugar donde reclinar la cabeza sino que nos tendrá siempre en camino de búsqueda.

…y su hilo donboscano
El proyecto de Don Bosco en Turín era realmente desconcertante. Él mismo cuenta sus dificultades en las memorias del oratorio: Se esparció en seguida la noticia sobre las dificultades en que estábamos metidos y varios de mis amigos comenzaron a insistirme en que abandonara una obra en que era inútil insistir por el momento. Hubo, así mismo, quienes al verme tan retraído en mis preocupaciones y siempre lleno de muchachos, ya empezaban a hablar de que me estaba volviendo loco. Un día, delante del padre Sebastián Pacchiotti, el teólogo Borel se expresó de esta manera: Es mejor salvar lo salvable que perderlo todo. Mandemos a todos los muchachos que tenemos y quedémonos sólo con unos veinte de los más pequeños. Mientras les enseñamos a estos el Catecismo, Dios nos dirá qué debemos hacer con lo demás. Le respondí: ¿Qué cosa vamos a esperar todavía? Si tenemos ya el lugar: un patio bien grande una casa llena de chicos, pórticos e iglesia, sacerdotes y clérigos. ¡Todo a nuestra disposición! - ¿Pero en dónde está eso?, me interrumpió el teólogo. -No sé dónde esté, pero ciertamente existe y es nuestro. Somos hijos e hijas de un padre que buscaba construir el Reino con los jóvenes más allá de toda lógica y de toda posibilidad, aunque no tuviera dónde reclinar su cabeza, aunque muchas veces, ni él ni los demás, entendieran cómo.

Enlazándonos al Hilo primordial
"Maestro, te seguiré adonde vayas", aunque no siempre entienda, aunque muchas veces no sepa cómo, aunque la desesperanza me amenace y a veces quiera volverme a enterrar muertos.
Gracias por las búsquedas y las preguntas, por los anhelos, los sueños y las utopías, por el desafío exigente de tu Reino.

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