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Miércoles 26 de Septiembre

Lo que dice
Lc 9, 1-6 - Los envió a proclamar el Reino de Dios

Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades. Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, diciéndoles: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.

Lo que me dice
Al leer este texto me pregunto cuándo fue que dejamos de escuchar estas palabras de Jesús. Cuándo fue que empezamos a desconfiar de la generosidad y solidaridad de nuestros hermanos y sobre todo de la Providencia Divina. Hoy por hoy hasta nos parece una locura ir por ahí sin llevar nada para el camino.. ¿quién nos alojará? ¿qué vamos a comer? ¿y qué pasa si no me quieren recibir? ¿Serán estas preguntas la causa de que ya no podamos curar a los enfermos ni tengamos buenas noticias para compartir?
Me consuela saber que esa no es la única realidad. Que de verdad existe una Iglesia de Dios que vive la solidaridad, el compartir fraterno, la hospitalidad y el anuncio del Reino. Y, paradojalmente, es la Iglesia de los pobres, que lo son materialmente quizá pero no de espíritu, porque viven con y como Jesús cada día.

Debido a las ayudas, donaciones y contribuciones de mucha gente, por las manos de Don Bosco pasó una cantidad inimaginable de dinero a lo largo de su vida; sin embargo cada día vivía en la constante búsqueda de recursos para afrontar más y más obras, deudas, actividades educativas y misioneras. Nunca le bastó pero tampoco le faltó el dinero para cumplir su misión, porque confiaba ciegamente en el poder de la oración y la generosidad de la Divina Providencia. Todo lo que recibía lo hacía circular, lo ponía al servicio de sus jóvenes, de sus misioneros y de sus obras de bien, por eso nunca Dios lo dejó de asistir.

Lo que le digo
Señor, tomá mi vida y realizá en ella esa paradoja de tu gloria y tu poder unidos a la humildad y a la pequeñez. Dame tu gracia, Señor, para entregarte todos mis deseos de poder, de prestigio y de dinero, para apoyarme sólo en tu poder y en tu amor, y así cumplir la misión que Vos me confiás. Amén.

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