Buscar por fechas:

Jueves 18 de Septiembre

Lucas 7, 36-50
Tus pecados te son perdonados

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: “Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!”. Pero Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. “¡Di, Maestro!”, respondió él. “Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?”. Simón contestó: “Pienso que aquel a quien perdonó más”. Jesús le dijo: “Has juzgado bien”.

Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor”. Después dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados”. Los invitados pensaron: “¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?”. Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

El texto: tejido
¿Qué es lo que preocupa a Jesús?
¿Qué preocupa a los que están con él?
¿Qué preocupa a la mujer que se acerca a Jesús?

La trama vital...
“Un fariseo… Jesús… una mujer pecadora”: Personas totalmente diferentes se encuentran: Jesús, Simón, el fariseo, un judío practicante, y la mujer de la que decían que era pecadora. Jesús está en casa de Simón que lo invitó a comer. La mujer entra, se coloca a los pies de Jesús, empieza a llorar, moja los pies de Jesús con las lágrimas, suelta los cabellos para secar los pies de Jesús, besa y unge los pies con perfume. Soltar los cabellos en público era un gesto de independencia. Jesús no se retrae, ni aleja a la mujer, sino que recibe su gesto. La escena está planteada.

“Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!”: No pocas veces la primera reacción que tenemos es de aprehensión y desconfianza. ¿Por qué se acerca esta persona? ¿Qué otra intención tiene? ¿Qué ventaja para sí quiere lograr? Es que el pensamiento neoliberal, que prioriza la ley del mercado donde no hay colaboración sino competencia, se nos va incorporando como forma de valorar y ponderar las situaciones que nos tocan enfrentar.

“¿Cuál de los dos lo amará más?”: La parábola supone que los dos, tanto el fariseo como la mujer, habían recibido algún favor de Jesús. En la actitud que los dos toman ante Jesús, muestran cómo apreciaban el favor recibido. El fariseo muestra su amor, su gratitud, invitando a Jesús a que coma con él. La mujer muestra su amor, su gratitud, mediante las lágrimas, los besos y el perfume. ¿Cómo expreso mi gratitud ante lo bueno de Dios hacia mí?

“y dijo a Simón”: Después de recibir la respuesta del fariseo, Jesús aplica la parábola. Y estando en la casa del fariseo, invitado por él, Jesús no pierde ocasión para tomarse la libertad de hablar y actuar. Defiende a la mujer, y critica al judío practicante. El mensaje de Jesús para los fariseos de todos los tiempos es: "¡A quien poco se le perdona, poco amor muestra!" Un fariseo piensa que no tiene pecado, porque observa en todo la ley. La seguridad personal que yo, fariseo, creo en mí por la observancia de las leyes de Dios y de la Iglesia, muchas veces me impide experimentar la gratuidad del amor de Dios. Lo que importa no es la observancia de la ley en sí, sino el amor con que observo la ley. Y usando los símbolos del amor de la mujer, Jesús da respuesta al fariseo que se consideraba en paz con Dios:

“Tu fe te ha salvado, vete en paz”: Aquí aflora la novedad de la actitud de Jesús. El no condena, sino recibe. Y fue la fe lo que ayudó a la mujer a recomponerse y a encontrarse consigo misma y con Dios. En la relación con Jesús, una fuerza nueva despertó dentro de ella y la hizo renacer.

... y su hilo donboscano
La insistencia de Don Bosco en el sacramento de reconciliación tiene como base la convicción de sabernos perdonados y amados por Dios, que quiere ir a nuestro encuentro. Más allá de las formas históricas de celebración del sacramento, Don Bosco intuyó la fuerza liberadora que tiene el escuchar, de labios de quien nos quiere, “vete en paz”.

Enlazándonos al Hilo Primordial
Te invitamos a que, con la imagen más sentida que tenés de Jesús, escuches y hagas tuya la canción “Todo en mí cobra sentido por tu amor”, del P. Eduardo Meana, que podés encontrar en http://bit.ly/16DWhJY