Buscar por fechas:

Jueves 18 de Enero

Lo que dice
Mc 3,7-12 - Tú eres el Hijo de Dios

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón.
Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.

Lo que me dice
"Lo siguió mucha gente": Todos quieren verle y tocarle. Es tanta gente y hasta Jesús queda preocupado. Corre el peligro de ser aplastado por la gente. Eran sobre todo excluidos y marginados que venían a él para que los sanara de sus males: los enfermos y los poseídos. Trato de identificar las personas con las que me encuentro. Si son también los preferidos de Jesús, quienes le seguían, o si, a veces, no he rechazado a alguna de estas personas.
"Los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies": Algunas religiones, en vez de liberar a la gente, alimentan el miedo y la angustia. Uno de los objetivos de la Buena Nueva de Jesús era ayudar a la gente a que se liberara de este miedo. ¿El decirme creyente es para mí motivo de mayor libertad, o me siento con miedo o angustiado al decirme cristiano?
"Tú eres el Hijo de Dios": ¿Quién es Jesús para mí?

En 1883, cinco años antes de morir y ya muy desgastados, Don Bosco parte para Francia, para visitar a los salesianos y pedir ayudas para las distintas obras en bien de los jóvenes. Durante su estadía allí, es constantemente visitado por muchas personas, reclamado por los nobles para que esté con ellos, le piden que bendiga y dé alguna palabra a las personas que se amontaban frente a la casa donde se alojaba, atiende a tal cantidad de personas que prácticamente no le dejaron libre ningún momento durante el tiempo que estuvo allí. De regreso, luego de un buen tiempo de silencio, le dice a Miguel Rua, quien lo ha acompañado durante esos días y ha visto la reacción de las personas: "¿Te acuerdas del camino que conduce de Buttigliera a Morialdo? Allí, a la derecha, hay una colina; sobre la colina, una casita; al pie de la casita se extiende un prado. Aquella casita miserable fue la habitación de mi madre y la mía. En aquel prado, a los diez años, yo pastoreaba dos vacas. ¿Qué harían estos buenos señores, que así me tratan, si supieran que no soy más que un pobre pastor de I Becchi?

Lo que le digo
Que pueda vivir mi fe en libertad, que desde tu presencia en mi vida pueda amar más y con mayor amplitud, buscando el bien de todos, haciendo el bien a todos, independientemente de cuán simpático o simpática me puedan caer las personas.

.