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Sábado 17 de Agosto

La Palabra dice
Mateo 19, 13-15
Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos". Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.

La Palabra me dice
"Los discípulos los reprendieron": No sabemos a ciencia cierta quiénes molestan más a los que ocupamos un determinado lugar de autoridad cerca de Jesús (y también en nuestras casas). Si los que permanentemente nos instalan allí, en medio de nuestras múltiples ocupaciones, a los chicos y sus necesidades sin prestar debida atención a problemas de estructuras, seguros y recursos; o los chicos mismos con sus "ruidos, barullos, lenguajes, afectos a flor de piel, aros, olores y tatuajes".

Gracias, Señor porque hay corazones apasionados que tratan siempre y de forma creativa hacer que los chicos y los jóvenes estén en el centro de nuestra actividad. Y gracias nuevamente, Dios de la Vida, por ese sacramento cotidiano que son los jóvenes y chicos que nos habitan cada vez que los dejamos ser plenamente ellos.

"Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí": Hace unos años leí una singular presentación de estos "niños" del evangelio. Ellos serían lo que en términos modernos llamaríamos "chicos en situación de calle", es decir, niños que no habían sido asumidos por sus padres como "hijos" y se habían visto obligados a vivir desamparados de la autoridad paterna en un status social de absoluto abandono. Jesús realiza el gesto que habrían esperado de sus padres (varones): la imposición de manos, la bendición y el reconocimiento de los plenos derechos de aquel que es parte del Reino - Reinado de Dios.

A alguno puede parecerle exagerado este punto de vista. Sin embargo, aunque sea sólo al nivel de las provocaciones que Dios sabe suscitar en el día a día de la vida, esos miles de chicos en situación de abandono son uno de los mayores desvelos que tenemos como congregación y una permanente apelación a nuestra identidad salesiana.

Con corazón salesiano
Desde nuestra espiritualidad, el Evangelio de hoy es una invitación a la "Amorevolezza", misterio de amor, apuesta al cariño y a la educación que pasa primeramente por el corazón, ministerio de la ternura y la caricia que construye en el otro la experiencia de saberse realmente amado, de sentirse especial y singularmente amado, con gestos concretos y opciones profundas, en el "patio grande" que en nuestras vidas nos regaló Jesús.

A la Palabra, le digo
"Mi corazón no se ha ensoberbecido, Señor,
ni mis ojos se han vuelto altaneros.
No he pretendido grandes cosas
ni he tenido aspiraciones desmedidas.
No, yo aplaco y modero mis deseos:
como un niño tranquilo en brazos de su madre,
así está mi alma dentro de mí" (Sal 131, 1-2).

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