administrador@obralapiedad.com.ar

Jueves 19 de Julio
Lo que dice
Mt 11, 28-30 - Soy paciente y humilde de corazón

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Lo que me dice
Jesús llama hacia sí a toda persona que carga dolor, aflicción y agobio, puesto que Él puede traer bienestar, alegría, alivio. El ser humano en el transcurso de su vida, ya sea por sus propias decisiones o de otros, va cargando pesos, que luego se hacen insoportables de llevar; se puede hacer una lista innumerable de cargas penosas. En este pasaje se menciona el yugo como una carga muy pesada. El término yugo, según el diccionario de la Real Academia Española, presenta varias acepciones: a) El yugo es un instrumento de madera al cual se uncen por el cuello las mulas, los bueyes, etc., y en el que va sujeta la lanza del carro o el timón del arado; b) También se denomina yugo a una especie de horca, por debajo de la cual, en tiempos de la antigua Roma, hacían pasar sin armas a los enemigos vencidos; y c) Ley o dominio superior que sujeta y obliga a obedecer. Jesús se refiere a la tercera acepción de yugo. Esta tercera acepción es la ley del más fuerte. Estas leyes impuestas por el “fuerte o poderoso” siempre son ignominiosas y humillantes. También el pueblo de Israel contaba con un sin número de leyes, que hacían pesada su vida religiosa, además de contar con las leyes del imperio romano. El judío sencillo cargaba un pesado yugo de leyes y preceptos religiosos con el agregado de las cargas romanas. Jesús rodeado de toda esta gente, terriblemente agobiada por los poderes impuestos, les trae alivio al decirles que su yugo no tiene nada que ver con aquellos yugos. Jesús ofrece un yugo suave y liviano, que al que lo lleva lo hace manso y humilde de corazón. Esta mansedumbre y humildad es la que trae verdaderamente alivio. El yugo pesado lo único que trae son luchas sin sentidos, una vida religiosa sin Dios y en definitiva sometimiento a los poderes del más fuerte.

¡Cuántas cargas habrá soportado Don Bosco! ¡Y cuán grande era su fe que siempre mantenía la alegría!

Lo que le digo
Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. Amén.

.