administrador@obralapiedad.com.ar

Sábado 20 de Enero
Lo que dice
Mc 3,20-21 - Sus parientes decían: "Es un exaltado"

Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: "Es un exaltado".

Lo que me dice
"Se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer": ¿Cómo reacciono ante la multiplicidad de demandas? ¿Me victimizo (`pobre, tiene tanto que hacer´)? ¿El origen de mi actividad intensa es el anuncio del Reino o cubrir mis huecos interiores?
"Es un exaltado". ¿Alguna vez me sentí cuestionado por mi dedicación a "las cosas de la Iglesia"? ¿Alguna vez cuestioné a otros por su extrema dedicación, descalificándolo como persona ("está loco", "es un fanático"), tal vez porque cuestionaba mi comodidad?

Don Bosco, ya egresado del Convitto Eclesiástico, comienza a trabajar en las obras de la Marquesa de Barolo, con la condición de que los muchachos lo podían visitar. Ella no sólo admitió ello, sino que le dio permiso para que reuniera su Oratorio en los predios del Hospital de Santa Filomena. Era el tiempo en el cual Don Bosco recibía muchas críticas por su apostolado entre muchachos de la calle (dicen que está loco) y los juegos y actividades de los jóvenes serían motivo de inconformidades para la paz femenina del Refugio y del Hospital de la Marquesa.
La intensa actividad del joven sacerdote entre la atención del Refugio de las niñas y el Oratorio de los muchachos, deteriora notablemente su salud, lo que ocasiona preocupaciones en la marquesa, quien en marzo de 1846 le propone a Don Bosco que abandone a los muchachos, se dedique sólo a las niñas de su Refugio y le ofrece 50 mil liras para que se tome unas vacaciones. La negativa de Don Bosco ante la oferta hizo que la Marquesa acudiera a una solución más drástica: si Don Bosco no aceptaba dejar a los muchachos, quedaría despedido, a lo que responde Don Bosco:
Mi respuesta está pensada. Usted tiene dinero, y encontrará fácilmente cuantos sacerdotes quiera para sus instituciones. No pasa lo mismo con mis pobres chiquillos. Si ahora yo me retiro, quién se ocupara de ellos. Por tanto... me daré de lleno al cuidado de los muchachos abandonados (Memorias Biográficas, Volumen II, Capítulo XXV).
El rechazo a esta propuesta, socialmente ventajosa, confirmó en muchos los rumores de la locura de Don Bosco entre los críticos de ese primer tiempo de su Oratorio.

Lo que le digo
Espíritu de Dios, anima mi discernimiento para que no corte las locuras que salen de mi corazón, en bien de los jóvenes más pobres y abandonados. Que pueda superar el temor ante las inseguridades o incomprensiones, tanto de afuera como de dentro, sabiendo siempre confrontar con otros los pasos que voy dando.

.